
De acuerdo a estudios neurocientíficos a los que hace referencia el filósofo Yuval Noah Harari, en su libro «Homo Deus», los animales, por medio de su capacidad sintiente, llevan a cabo múltiples cálculos matemáticos. Cierto es, que, como el autor israelí, jocosamente señala, los animales no se valdrán de una libreta y un lápiz o de una calculadora para hacer cálculos matemáticos que les permitan, por ejemplo, saber si el lugar que ven a lo lejos, les podrá garantizar sombra para su descanso, si serán capaces de saltar hasta el otro extremo o si podrán alcanzar y atrapar a su presa.
El que los animales puedan llevar a cabo cálculos de este tipo y los cuales también realizamos los seres humanos, significa que poseen un grado de consciencia, es decir, que, así sea en un novel mínimo, impera la voluntad de ellos. No es de extrañar que, por esta razón, países como Nueva Zelanda, no solo reconozcan el carácter sintiente de los animales, sino, además, su capacidad de consciencia.
En México a nivel federal, estamos, por desgracia, lejos de lo anterior, puesto que ni siquiera se reconoce el carácter sintiente en la Constitución Federal, como sí se hace en la de la Ciudad de México.
Es pertinente que la academia, los investigadores, los políticos y toda aquella persona que tiene relación con el cuidado y la protección de animales, acuda a conocer los estudios e investigaciones que en países como Nueva Zelanda, ya se han realizado, para con ello, buscar el reconocimiento pleno del derecho de los animales.
Durante mucho tiempo se ha dicho que los animales no pueden ser sujetos de derecho, puesto que no cuentan con capacidad racional, hoy estos estudios demuestran lo contrario.




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